Cuba entre dos bloqueos: El impacto de la Ley Helms-Burton dentro y fuera de la Isla
Alexis Berg-Rodríguez, Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Universidad Carlos III de Madrid
Universidad Carlos III de Madrid
El 12 de marzo de 2026 se cumplieron treinta años de la promulgación de la Ley Helms-Burton en Estados Unidos, norma que codificó el embargo económico y político contra Cuba y reforzó su carácter extraterritorial mediante la ampliación de sanciones a empresas y actores extranjeros que mantuvieran relaciones económicas con la Isla. Desde el final de la Guerra Fría, el uso de instrumentos de política exterior estadounidense —especialmente sanciones económicas— ha sido concebido como un medio político de presión para promover procesos de democratización en países del antiguo bloque socialista. Sin embargo, los resultados de estas políticas han sido limitados.
El caso cubano resulta particularmente ilustrativo. Según EE. UU., en 1960 la política estadounidense hacia Cuba ha estado orientada explícitamente a provocar el “desgaste interno del proyecto político cubano mediante la escasez y el deterioro de las condiciones de vida y el descontento derivados de la insatisfacción económica y las penurias; debilitar la vida económica de Cuba; aplicar políticas orientadas a privar al país de recursos financieros y suministros; reducir los salarios nominales y reales; y provocar así el hambre, la desesperación y, en última instancia, inducir el derrocamiento del gobierno cubano”[1]. A pesar de que la sociedad cubana lleva soportando 60 años esta situación, los objetivos políticos de esta estrategia no han sido alcanzados, pero siguen sometiendo a la población cubana a un enorme sufrimiento. Ello pone de relieve los límites estructurales y el alcance real de una política coercitiva prolongada en el tiempo.
En el plano interno, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha señalado que “la batalla económica consiste, por tanto, en generar una actitud más proactiva, inteligente y concreta de los dirigentes, convocados a impulsar —no trabando ni demorando— soluciones seguras y específicas; reforzar estructuras y equipos de dirección y gestión económica”[2]. La referencia a los obstáculos y demoras internas ha sido caracterizada como un bloqueo interno, en la medida en que limitan la implementación de los cambios y transformaciones que fueron aprobados en los Congresos del Partido Comunista de Cuba y que dependen exclusivamente del Gobierno.
Impactos económicos, financieros y sanitarios de las sanciones
Estados Unidos, a través de las sanciones que aplica la Oficina de Control de los Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), a las empresas extranjeras que comercializan y cooperan con Cuba, demuestra el carácter extraterritorial y sistémico del bloqueo. Igualmente, impide que pueda abrir una libre competencia, entre las empresas extranjeras y las estadounidenses. Esta hipótesis toma fuerza, al observar como a través del carácter humanitario, desde 2002, Estados Unidos se convirtió en el principal proveedor de alimentos y productos agrícolas a Cuba, elevándose exponencialmente su exportación a la Isla pasando de más de 4 millones de dólares en el 2001 a 400 millones de dólares en el 2025[3]. Mientras que, las exportaciones médicas y farmacéuticas a Cuba pasaron de casi 5 millones de dólares en el 2015 a 140 millones[4] en 2025.
Estos datos, confirman que Estados Unidos quiere tener la primacía y el monopolio exclusivo para brindar todos los servicios y los suministros que Cuba necesite en su economía e infraestructuras. Aplicando la popular frase cubana “Que nadie toque nada, yo solo puedo tocar”, garantizando con este posicionamiento, la dependencia económica de Cuba a través de esta relación, castigando a toda empresa o país que intente comercializar con la Isla. Además, de hacer extensible este slogan para toda América Latina y el Caribe.
Otro elemento para tener en cuenta es que el bloqueo ha operado también como un mecanismo funcional para determinados sectores de poder en ambos países. Su persistencia ha beneficiado a grupos económicos y políticos tanto en Cuba como en los Estados Unidos, para quienes la confrontación constituye un espacio de legitimación política y de rentabilidad económica.
En términos generales, según cifras oficiales cubanas, los daños acumulados durante más de seis décadas de aplicación del bloqueo hasta el 2025 ascienden a 170 mil 677,2 millones de dólares. Tomando en cuenta el comportamiento del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, el bloqueo ha provocado perjuicios cuantificables por 2 mil 570,4 millones de dólares[5]. En este contexto, no resulta casual que dichos actores se hayan mostrado contrarios al proceso de distensión diplomática y de apertura económica bilateral iniciado durante la administración de Barack Obama (2009 – 2017), así como aprovechar las pocas oportunidades que los acuerdos internacionales con terceros países le habrían podido brindar. Todo ello, ha sido el coctel perfecto que ha podido contribuir al aumento del malestar social, manifestado en protestas y en tensiones crecientes, marcado por recrudecimiento del bloqueo energético por parte de EE. UU. contra la sociedad cubana en el 2026.
Recrudecimiento reciente del bloqueo: la dimensión energética y extraterritorial
La administración de Donald Trump ha intensificado la política de presión sobre Cuba mediante una estrategia de asfixia energética con alcance extraterritorial, formalizada en la Orden Ejecutiva del 29 de enero de 2026. Esta disposición declara una “emergencia nacional” sobre la base de la presunta —y discutida— calificación de Cuba como “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional estadounidense”[6]. Estados Unidos ha desarrollado una política de securitización donde Cuba es una pieza más. A partir de dicha premisa, se establecen aranceles punitivos y sanciones secundarias contra cualquier Estado, empresa o naviera que participe en la exportación de combustibles hacia la Isla.
No obstante, de manera aparentemente contradictoria, el propio presidente Trump “autorizó la entrada en puerto cubano del buque petrolero ruso Anatoly Kolodkin, que descargó en la terminal de Matanzas unas 100 000 toneladas de crudo con carácter humanitario”[7]. La excepcionalidad de esta autorización, así como la posibilidad de que se repita en el futuro, abre una serie de interrogantes que nos permite valorar cómo el gobierno de Trump administra el control y la ayuda humanitaria como forma de incidir progresivamente en el grado de debilitamiento de las infraestructuras y del sufrimiento de la sociedad cubana (dentro y fuera de la Isla), ayudándose de alianzas geopolíticas construidas en torno a los conflictos de última generación, como es el caso del conflicto Rusia – Ucrania.
Esto no hace más que reforzar el carácter instrumental del bloqueo dentro de la estrategia global de Washington. Por su parte, el gobierno cubano ha tenido que decidir hacía que sectores destinar la ayuda energética: “generación eléctrica de emergencia, transporte público, maquinaria agrícola o ferroviaria”, todos ellos sectores críticos para sostener un funcionamiento económico mínimo y atenuar, aunque sea temporalmente, la severa crisis energética.
Perspectivas y escenarios futuros ante la administración Trump–Rubio
En este contexto histórico, las amenazas formuladas por el presidente Donald Trump y el Secretario de Estado, Marco Rubio, junto con los patrones de actuación observados en esta administración, permiten identificar una conducta recurrente que sugiere, desde un enfoque analítico, una elevada probabilidad de una intervención armada estadounidense contra Cuba. Este escenario no puede descartarse incluso en el supuesto de que ambas partes mantengan formalmente abiertos canales de negociación diplomática.
En el caso de que Trump decida no intervenir militarmente se incrementaría las presiones y sanciones económicas, junto con las energéticas para tratar de provocar un conflicto interno en la Isla. En caso contrario, se realizaría una intervención directa en los meses previos a las elecciones legislativas de medio mandato, previstas para noviembre de 2026. El objetivo principal sería obtener una nueva hazaña que le permita olvidar a su masa electoral, el posible resultado negativo de la intervención militar que está realizando en Irán. Ello, permitiría movilizar a una base electoral, concentrada en los denominados Estados bisagra, cuyo peso resulta decisivo en los procesos electorales estadounidenses, incluyendo los 29 votos que pueden aportar el sector anticastrista de Florida.
Sin embargo, la encuesta realizada por YouGov, demuestra que el “61% de la población estadounidense es contraria a utilizar la fuerza militar para atacar a Cuba, mientras que, el 57% es contraria a derrocar al Gobierno cubano”. Solo el “13% de los estadounidenses apoyaría un ataque contra Cuba y el 18% apoyaría el uso de la fuerza militar para derrocar a su gobierno” [8]. A pesar de ello, esta política puede interpretarse como una reformulación contemporánea de la Doctrina Monroe, que vuelve a concebir a América Latina y el Caribe como un espacio de influencia exclusiva de los de EE. UU como el “patio trasero”[9]. Paralelamente, no puede descartarse que, en el marco de las negociaciones que se vienen desarrollando con la mediación del Vaticano, se estén explorando fórmulas orientadas a un posible cambio de régimen caracterizado por una moderada flexibilidad política. En este sentido, el Secretario de Estado Marco Rubio ha sostenido de manera reiterada que “Cuba necesita dos cosas: reforma económica y reforma política”[10], subrayando que resulta inviable impulsar transformaciones económicas profundas sin modificar el sistema de gobierno. Desde el inicio de las amenazas contra la Isla, y tras la asignación explícita de Cuba como un nuevo “proyecto” dentro de la agenda presidencial de Trump, el presidente ha proyectado ha Rubio como una figura central en esta estrategia.
En una primera etapa, marcada por intercambios de declaraciones, amenazas, intimidaciones y presiones diplomáticas, el Secretario de Estado podría asumir el liderazgo directo de las negociaciones en representación de los Estados Unidos. En una segunda fase, no resulta improbable que las gestiones se vean acompañadas por miembros del entorno familiar del presidente Trump, siguiendo un patrón similar al observado en el acuerdo alcanzado entre Israel y Hamás en 2025. Un eventual éxito de esta operación contribuiría a reforzar la posición electoral de Trump en los Estados bisagra y, al mismo tiempo, se constituiría en un activo político relevante para una futura candidatura presidencial de Marco Rubio. Asimismo, un acuerdo alcanzado de manera pacífica con el gobierno cubano podría generar una recepción favorable en determinados sectores de la sociedad civil estadounidense, dado el valor simbólico que Cuba representa como emblema de resistencia frente a la política exterior de Washington en América Latina y el Caribe, así como en amplios sectores de la comunidad internacional.
No obstante, las declaraciones recientes de Díaz-Canel y las formuladas por Marco Rubio sugieren que la vía del diálogo se encuentra seriamente deteriorada, o que no se han logrado identificar puntos de interés comunes para estructurar una agenda de negociación efectiva. Ello ocurre a pesar de los avances parciales que se han realizado en la Isla, como la liberación progresiva de más de 2.000 presos políticos[11], así como el reconocimiento formal, en la Constitución cubana de 2019, de las libertades de expresión y asociación, posteriormente restringidas tras las protestas de 2021, incluyendo limitaciones al acceso y uso de Internet.
En todo caso, la población cubana sigue sufriendo y es víctima directa de los efectos del bloqueo, que el gobierno cubano continúa realizando una apertura controlada de su economía y de su política exterior a las empresas privadas permitiendo la inversión de cubanos residentes en el extranjero. Entre tanto, los vecinos han reconocido que se está realizando un proceso de negociación, en la entrevista concedida por Miguel Díaz-Canel al Canal Red el pasado 25 de marzo del 2026, el presidente señalo como condiciones centrales el respeto a la soberanía, la igualdad entre las partes, la equidad, la no condicionalidad para iniciar el diálogo y la no injerencia en los asuntos internos. En un segundo nivel, podrían abordarse cuestiones relativas a la liberalización gradual de la economía cubana, orientada a facilitar la inversión estadounidense en condiciones preferenciales; la participación directa de empresas estadounidenses en sectores estratégicos; y la creación de mecanismos de indemnización para empresarios cubano-estadounidenses que acrediten la nacionalización de sus bienes tras 1959.
A estos elementos se sumarían temas vinculados a la migración, los derechos humanos, la lucha contra el narcotráfico, la seguridad regional y el medioambiente. Estas demandas se entrelazan con reclamaciones históricas, como la devolución del territorio que ocupa la base naval de Guantánamo y la compensación por los daños derivados de más de seis décadas de bloqueo económico. El proceso de negociación, que se viene realizando entre los dos vecinos, no garantiza un cambio en la política exterior de Trump hacia Cuba, por ser imprevisible por lo que podría tener un giro de 180 grados que puede cristalizar con la invasión a Cuba, o el aumento de las sanciones o que pida el levantamiento del bloqueo aprovechando la mayoría en el congreso, aunque esta última sea la menos probable.
[1] Memorando del Subsecretario Asistente de Estado Lester Mallory del Departamento de Estado de los EEUU,Nro. 499, desclasificado en 1991. En Department of State: Foreign Relations of United States, 1991, Disponible en: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d499.
[2] CIBERCUBA, Miguel Díaz-Canel menciona por primera vez el «bloqueo interno» en Cuba, 18 junio, 2019, https://www.cibercuba.com/noticias/2019-06-18-u1-e199291-s27061-miguel-diaz
[3] U.S.-Cuba Trade and Economic Council, Inc. Economic Eye on Cuba, December 2025, https://static1.squarespace.com/static/563a4585e4b00d0211e8dd7e/t/69611
[4] Ibid
[5] “Para presentar en la resolución 79/7 de la AGNU, “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”. Mayo 2025. https://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/informe-de-cuba-en-virtud-de-la-resolucion-797-de-la-asamblea-general-de-las-naciones
[6] King M. Bloqueo de Trump contra Cuba alcanza niveles sin precedentes en 2026. Prensa Latina, 1 abril del 2026. Disponible en: https://publica.prensa-latina.cu/pub/bloqueo-de-trump-contra-cuba-alcanza
[7] BBC Mundo. Un petrolero de Rusia llega a Cuba con el permiso de Trump en medio del bloqueo de EE. UU. a la isla. 30 marzo 2026, https://www.bbc.com/mundo/articles/c0mj94nr04eo
[8]YouGov, More Americans disapprove than approve of the U.S. blocking oil shipments to Cuba and the U.S. embargo. 16 de marzo 2026, https://yougov.com/en-us/articles/54332-more-americans-disapprove-than-approve-of-the-us-blocking-oil-shipments-to-cuba-and-the-us-embargo
[9] BBC, Cómo el cambio radical de Trump en la política exterior de EE.UU. preocupa a Europa (y qué dice de sus intenciones en América Latina). Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/articles/c62vdzpzrego
[10] Cuba en Miami, Cruce explosivo entre EE.UU. y Cuba: esto dijo Marco Rubio sobre advertencias bélicas de Díaz-Canel. 7 de abril del 2026. Disponible en: https://www.cubaenmiami.com/cruce-explosivo-entre
[11] CNN, El Gobierno de Cuba liberará a 2.010 presos en la mayor puesta en libertad de este tipo en años, según anunció el jueves, mientras la isla se ve sometida a una presión cada vez mayor por parte de la Administración Trump. Disponible en: https://edition.cnn.com/2026/04/02/americas/cuba-prisoner