Los cambios demográficos que amenazan el futuro de India
Matías Mongan, colaborador del Gate Center y doctorando en la Universidad Nacional La Plata, Argentina
Siguiendo el ejemplo de China, India busca sacar provecho de su “dividendo demográfico” y mejorar sus indicadores socioeconómicos antes de que su población envejezca. Sin embargo, importantes asimetrías ponen en duda la capacidad estatal para afrontar el progresivo envejecimiento de la sociedad y mantener el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de las últimas décadas.
Cómo China aprovechó el “dividendo demográfico”
El crecimiento económico de países como China se sustentó a partir del “dividendo demográfico” (Joe, Dash y Agrawal 2017; Misra 2015; Cai y Wang 2005; Feng y Mason 2005). Para ello es necesario que un país pase de tener una población con un alto nivel de mortalidad y mayoritariamente joven (Gribble y Brenner 2012) a una en donde se reduzca la tasa de natalidad y mortalidad, además de que predomine la población económicamente activa (la cual suele ostentar un rango etario de entre 18 y 60 años). A su vez, es preciso que el estrato poblacional de más de sesenta años crezca a un nivel relativamente moderado (Bhagat 2014). Esta dinámica permitiría aumentar el crecimiento económico al posibilitar que el Estado adopte las medidas necesarias para fortalecer el aparato productivo antes de que inicie el envejecimiento de la sociedad, derivado del incremento mundial en la esperanza de vida (UNICEF 2024).
Por tanto, el “dividendo demográfico” no sería solo una consecuencia de los cambios poblacionales, sino también de la capacidad del Estado y del mercado para utilizar eficazmente a los trabajadores “extras” (ADB 2011, Ghosh 2015). De acuerdo con algunos autores (Bhagat 2014, Misra 2015), es necesario remarcar que este estadio es transitorio; de ahí la necesidad de que los Estados lo aprovechen para mejorar sus indicadores socioeconómicos y así estar en mejores condiciones de afrontar los múltiples desafíos que genera la baja de natalidad. Un fenómeno multidimensional que amenaza con reconfigurar el futuro de las sociedades y que aún no ha podido ser revertido a pesar de las variadas políticas “pro-natalidad” implementadas a lo largo de las últimas décadas, tanto en los países desarrollados como en el “Sur Global”.
China suele ser calificada como el ejemplo de un “dividendo demográfico” exitoso. Mientras controlaba su crecimiento poblacional mediante políticas como la del hijo único, implementada entre 1979 y 2015, el gobierno chino impulsó una paulatina liberalización de su economía que le permitió generar un crecimiento sostenido y sacar provecho de la creciente mano de obra disponible. Los datos del “milagro económico chino” son más que conocidos: según estadísticas del Banco Mundial, entre 1990 y 2020 unos 817 millones de personas —equivalente al 65,5% de los pobres en el mundo— salieron de la pobreza (UNICEF 2024).
A partir del 2000, el “dividendo demográfico” llegó a su fin y se inició un paulatino proceso de envejecimiento de la sociedad china que el gobierno de Xi Jinping no ha podido revertir, a pesar de implementar políticas orientadas a fomentar el crecimiento de la tasa de natalidad. Desde el año 1991, la tasa de natalidad se sitúa por debajo del promedio de reemplazo generacional de 2,1 hijos por mujer (Naciones Unidas 2024), el nivel mínimo para que una población se mantenga de una generación a otra, siempre y cuando la tasa de mortalidad sea reducida, no haya movimientos migratorios notables y la proporción entre los sexos de los recién nacidos no se haya distorsionado (UNFPA 2025).
Este escenario, sumado al aumento de la población de más de sesenta años —que en 2023 representó el 21,1% de la población china (UNICEF 2023)—, aumentó la presión sobre el sistema de previsión social. A su vez, obligó al gobierno de Xi Jinping a comienzos de 2025 a elevar gradualmente la edad de jubilación: de 60 a 63 años en el caso de los hombres y de 55 a 58 años en el de las mujeres (Euronews 2024). No obstante, China sigue teniendo una de las edades jubilatorias más bajas entre las economías desarrolladas (Ng 2024).
¿Puede India sacar rédito del “dividendo demográfico”?
Siguiendo los pasos de China, India también busca sacar provecho del “dividendo demográfico” teniendo en cuenta su población joven. El 65% de los habitantes es actualmente menor de 35 años y se espera que en cuatro años una de cada cinco personas en edad laboral en el mundo sea india.
Para aprovechar el “dividendo demográfico”, en primer lugar, el país necesitará crear nuevos puestos de trabajo para las millones de personas que se incorporan cada año al mercado laboral. Según estimaciones, hasta 2030, el gobierno de Narendra Modi tendría que crear 7,85 millones de empleos cada año para absorber la mano de obra disponible y “abordar simultáneamente las drásticas carencias de cualificación de la mano de obra y el perverso problema de la exclusión de las mujeres del mercado laboral” (Kumar 2025).
El problema de India no son solo las persistentes asimetrías socioeconómicas que debe solucionar si quiere aprovechar el “dividendo demográfico”, sino también el rápido envejecimiento de su población. “La velocidad y la magnitud del envejecimiento es una preocupación mundial, pero en un país como la India es una carrera contra el tiempo, ya que tendrá que enriquecerse antes de envejecer. Se prevé que la población de más de sesenta años, que representa casi el diez por ciento de la población total, se duplique en 2050” (Kumar 2025). Un universo poblacional que además presenta un importante nivel de vulnerabilidad, tal como demuestra el hecho de que el 40% de los indios mayores de 60 años pertenecen al quintil de riqueza más pobre; es decir, al 20% inferior de la población en términos de distribución de la riqueza (Biswas 2024).
A modo de cierre
Aunque el “dividendo demográfico” pareciera ser una vía para que los países del Sur Global accedan a un crecimiento económico acelerado siguiendo el ejemplo de China, este modelo genera una serie de desbalances y crea nuevos problemas sociales como consecuencia de la marcada baja de natalidad que él mismo promueve.
El fenómeno suele evidenciarse con mayor notoriedad en aquellas regiones que poseen mejores indicadores socioeconómicos. Así, por ejemplo, en India la tasa de natalidad de los estados del sur se encuentra muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos por mujer, mientras que en los menos desarrollados estados del norte el nivel de natalidad es más elevado (Rukmini 2025). Tomemos el caso de lo que ocurre en Andhra Pradesh, un estado que posee una tasa de natalidad de 1,5 hijos por mujer, similar a la de Suecia, pero con un producto bruto per cápita 28 veces inferior. El interrogante es si los gobiernos regionales, con un nivel de deuda cada vez mayor y recursos financieros limitados, estarán en condiciones de afrontar los desafíos emanados del envejecimiento de la sociedad (Biswas 2024), sobre todo en cuanto a la previsión social.
A pesar de que se escuchan cada vez más pronósticos de que India perdería su “carrera contra el tiempo” al envejecer antes de convertirse en un país plenamente desarrollado (The Indian Express 2024, The Times of India 2026, Biswas 2024b), es imprescindible que los tomadores de decisiones no sucumban ante la creciente “ansiedad demográfica” (UNFPA 2025). Hay que tener en cuenta que India se encuentra en un estadio de envejecimiento menos avanzado que China, ya que para el 2050 la población mayor de sesenta años representará en India poco más del veinte por ciento, mientras que en China superará el treinta por ciento (UNICEF 2024). Aunque cuenta con más tiempo, es necesario que el gobierno de Modi adopte las medidas necesarias para afrontar el inexorable cambio poblacional que ya está atravesando el país en algunas regiones. Una situación que traerá aparejado un sinfín de retos, tanto en el sistema de previsión social como en la propia economía y en la sociedad.