Conflicto en Sudán/Sudán del Sur
Análisis y Comportamiento en el Consejo de Seguridad
S/RES/1990/2011
2011
S/RES/1996/2011
2011
S/RES/1591
2005
S/RES/2524
2020
S/RES/2715
2023
S/RES/2206
2015
S/RES/2428
2018
S/RES/2736
2024
S/RES/2724
2024
S/RES/1556
2004
S/RES/1706
2006
S/RES/2340
2017
RESTO DE RESOLUCIONES
Introducción
María Paula Ballesteros y Matías Mongan
La guerra civil iniciada en 2023 en Sudán no constituye un evento aislado, sino el punto de quiebre de una arquitectura estatal históricamente marcada por profundas desigualdades territoriales, políticas y económicas. La herencia colonial británica estableció un modelo de gobernanza fragmentado que priorizó el desarrollo del centro árabe-musulmán mientras marginaba de forma sistemática a las periferias regionales. Esta configuración administrativa fomentó divisiones étnicas y económicas que se profundizaron tras la independencia en 1956. El modelo de gestión estatal consolidado en Jartum operó como un núcleo de extracción de recursos sin mecanismos efectivos de redistribución, alimentando ciclos recurrentes de conflicto en las regiones del sur, este y oeste del país.
Desde la década de 1960 el sistema político sudanés experimentó una progresiva erosión de la institucionalidad civil en favor de regímenes militares. La consolidación del gobierno de Omar al-Bashir en 1989 institucionalizó un modelo de control territorial basado en la represión política y en políticas de islamización y centralización identitaria. Un componente central de esta estrategia fue la delegación de la violencia en estructuras paramilitares utilizadas para contener las demandas de las periferias. El conflicto en Darfur a comienzos del siglo XXI representó la expresión más extrema de esta dinámica, donde las disputas por representación política, acceso a recursos y control territorial derivaron en una campaña de contrainsurgencia sistemática ejecutada por las milicias Janjaweed.
La incorporación de Sudán en la agenda permanente del Consejo de Seguridad a partir de 2006 evidenció una tendencia del sistema multilateral a priorizar la gestión de crisis por sobre la resolución estructural de los conflictos. El despliegue de operaciones como la UNAMID se concentró en la contención de la violencia y la protección de civiles mediante mandatos amplios, aunque limitados en términos operativos y políticos. Este período estuvo marcado tanto por la falta de cooperación de las autoridades sudanesas como por las divisiones internas dentro del Consejo de Seguridad, donde las tensiones entre los principios de soberanía estatal y las demandas de protección humanitaria obstaculizaron la adopción de medidas más contundentes. El resultado fue una estabilización precaria, sin avances significativos en materia de justicia transicional ni de reforma política estructural.
La secesión de Sudán del Sur en 2011 alteró profundamente el equilibrio macroeconómico del país y agravó la fragilidad institucional de Jartum. Tras la caída de al-Bashir en 2019, la comunidad internacional impulsó una transición hacia un gobierno civil mediante la creación de la misión UNITAMS. Sin embargo, el proceso se construyó sobre una contradicción estructural: otorgar el rol de garantes políticos a los mismos actores armados responsables de gran parte de la inestabilidad previa. El golpe militar de 2021 y el posterior enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en 2023 evidenciaron el agotamiento del modelo tradicional de mediación internacional. En la actualidad, Sudán constituye uno de los casos más críticos de parálisis multilateral contemporánea, donde la fragmentación del consenso internacional y las disputas geopolíticas dentro del Consejo de Seguridad limitan la capacidad de respuesta frente al colapso humanitario y la desintegración progresiva del Estado.
Países a monitorear
Se tomarán los países miembros permanentes del Consejo de Seguridad y se sumarán las votaciones de los países miembros no permanentes durante los años 2006-2026. Para ello se presenta a continuación un cuadro donde se encuentran los países con los que trabajaremos en el Índice:
Composición del Consejo de Seguridad de la ONU (2006–2026)
| AÑO | MIEMBROS PERMANENTES | MIEMBROS NO PERMANENTES (10) |
| 2006 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Argentina, Dinamarca, Grecia, Japón, Tanzania, Congo (Rep.), Ghana, Perú, Qatar, Eslovaquia |
| 2007 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Congo (Rep.), Ghana, Perú, Qatar, Eslovaquia, Bélgica, Indonesia, Italia, Panamá, Sudáfrica |
| 2008 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Bélgica, Indonesia, Italia, Panamá, Sudáfrica, Burkina Faso, Costa Rica, Croacia, Libia, Vietnam |
| 2009 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Burkina Faso, Costa Rica, Croacia, Libia, Vietnam, Austria, Japón, México, Turquía, Uganda |
| 2010 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Austria, Japón, México, Turquía, Uganda, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Gabón, Líbano, Nigeria |
| 2011 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Bosnia y Herzegovina, Brasil, Gabón, Líbano, Nigeria, Colombia, Alemania, India, Portugal, Sudáfrica |
| 2012 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Colombia, Alemania, India, Portugal, Sudáfrica, Azerbaiyán, Guatemala, Marruecos, Pakistán, Togo |
| 2013 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Azerbaiyán, Guatemala, Marruecos, Pakistán, Togo, Argentina, Australia, Luxemburgo, Ruanda, Corea (Rep.) |
| 2014 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Argentina, Australia, Luxemburgo, Ruanda, Corea (Rep.), Chad, Chile, Lituania, Nigeria, Jordania |
| 2015 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Chad, Chile, Lituania, Nigeria, Jordania, Angola, Malasia, Nueva Zelanda, España, Venezuela |
| 2016 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Angola, Malasia, Nueva Zelanda, España, Venezuela, Egipto, Japón, Senegal, Ucrania, Uruguay |
| 2017 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Egipto, Japón, Senegal, Ucrania, Uruguay, Bolivia, Etiopía, Kazajistán, Suecia, Italia |
| 2018 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Bolivia, Etiopía, Kazajistán, Suecia, Países Bajos, Costa de Marfil, Guinea Ecuatorial, Kuwait, Perú, Polonia |
| 2019 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Costa de Marfil, Guinea Ecuatorial, Kuwait, Perú, Polonia, Bélgica, República Dominicana, Alemania, Indonesia, Sudáfrica |
| 2020 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Bélgica, República Dominicana, Alemania, Indonesia, Sudáfrica, Estonia, Níger, San Vicente y las Granadinas, Túnez, Vietnam |
| 2021 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Estonia, Níger, San Vicente y las Granadinas, Túnez, Vietnam, India, Irlanda, Kenia, México, Noruega |
| 2022 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | India, Irlanda, Kenia, México, Noruega, Albania, Brasil, Gabón, Ghana, Emiratos Árabes Unidos |
| 2023 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Albania, Brasil, Gabón, Ghana, Emiratos Árabes Unidos, Ecuador, Japón, Malta, Mozambique, Suiza |
| 2024 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Argelia, Ecuador, Guyana, Japón, Malta, Mozambique, Corea (Rep.), Sierra Leona, Eslovenia, Suiza |
| 2025 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Argelia, Guyana, Corea (Rep.), Sierra Leona, Eslovenia, Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá, Somalia |
| 2026 | China, Francia, Rusia, Reino Unido, EE.UU. | Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá, Somalia, Bahréin, Colombia, República Democrática del Congo, Letonia, Liberia |
Comportamiento de los países en las resoluciones
del Consejo de Seguridad
Miembros Permanentes: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China, Rusia.
Miembros No Permanentes: Albania, Alemania, Angola, Argelia, Argentina, Benin, Bolivia, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Bélgica, Catar, Chad, Chile, Colombia, Congo, Costa de Marfil, Dinamarca, Ecuador, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Etiopía, Filipinas, Gabón, Ghana, Grecia, Guinea Ecuatorial, Guyana, India, Indonesia, Italia, Japón, Jordania, Kazajistán, Kuwait, Lituania, Líbano, Malasia, Malta, Mozambique, Nigeria, Nueva Zelanda, Níger, Pakistán, Países Bajos, Perú, Polonia, Portugal, República Dominicana, República de Corea, Rumania, San Vicente y las Granadinas, Senegal, Sierra Leona, Sudáfrica, Suecia, Suiza, Tanzania, Túnez, Ucrania, Uruguay, Venezuela
Espacio temporal
En los últimos diez años (2016-2026) el Consejo de Seguridad ha aprobado un total de 80 resoluciones de diverso tipo, desde renovaciones de mandato de las misiones y órganos especializados hasta la imposición de sanciones y pedidos de cese al fuego. A diferencia del conflicto israelí-palestino y de la Guerra en Ucrania, donde el derecho a veto de los miembros permanentes suele generar una parálisis del Consejo, aquí se evidencia un alto nivel de productividad, a tal punto que en todo el período analizado se registró un sólo veto (por parte de Rusia al proyecto de resolución S/2024/826).
Ante esta situación, es que por motivos metodológicos hemos decidido presentar en la página web las doce resoluciones consideradas más importantes del conflicto en Sudán/Sudán del Sur. Para lo cual hemos adoptado un espacio temporal de veinte años (2006-2026), siguiendo el ejemplo de lo realizado en las anteriores ediciones del Índice del Consejo de Seguridad. El lector interesado en el conflicto de Sudán/Sudán del Sur a su vez podrá encontrar un resumen de las ochenta resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad en el período 2016-2026.
Entre las principales fortalezas del recorte temporal aplicado sobresalen las siguientes:
-Relevancia y actualidad: Incluye conflictos recientes, como la guerra civil en Sudán (2023-actualidad) y la guerra civil en Sudán del Sur (2013-2018), así como la independencia de Sudán del Sur. Lo que nos va a permitir realizar un monitoreo de la situación de seguridad en ambos países a través de las resoluciones del Consejo de Seguridad.
-Suficiente extensión para análisis completo: permite evaluar la respuesta inicial y el seguimiento del Consejo de Seguridad, observando cómo ha manejado las crisis a mediano y largo plazo. El período elegido es suficiente para analizar tanto la intervención inmediata como los esfuerzos de consolidación de paz.
-Disponibilidad y calidad de datos: existe una amplia disponibilidad de datos y estadísticas sobre el conflicto en Sudán/Sudán del Sur. Informes detallados y accesibles de la ONU y otras organizaciones relevantes permiten un análisis preciso y exhaustivo.
-Cambios en la Geopolítica y Estrategias Internacionales. Este período captura cambios significativos en la dinámica global, como el ascenso de China, el vuelco militarista de Rusia y la disputa por esferas de influencia entre Estados Unidos y China. A su vez deja en evidencia la tendencia de las potencias a enfrentarse en África a través de proxies. Una práctica que también es utilizada por potencias regionales emergentes como Emiratos Árabes Unidos (Gutierrez Beaumont 2022) o Egipto. Una muestra en este sentido es lo que ocurre en la guerra civil sudanesa, donde intervienen distintos actores externos que, según los analistas, contribuyen a perpetuar la violencia.
-Impacto de Resoluciones y Misiones de Paz: permite evaluar el desempeño de las misiones de paz y el nivel de aplicación de las sanciones del Consejo de Seguridad, lo que va a contribuir a valorar sus efectos a mediano y largo plazo, además de su aporte a la reconstrucción de las regiones afectadas.
Principales hitos del conflicto
1955-1972 –Primera guerra civil sudanesa
1956 –Independencia de Sudán
1972 – Acuerdos de Adís Abeba
1983-2005 – Segunda guerra civil sudanesa
1989 – Asunción a la presidencia de Omar al-Bashir
2005 – Acuerdo Integral de Paz
2007 – Creación UNAMID
2011 – Referéndum independencia Sudán del Sur
2011 – Creación UNISFA
2011 – Creación UNMISS
2013-2018 – Guerra civil en Sudán del Sur
2018 – Acuerdo de Paz Revitalizado
2023 – Inicio tercera guerra civil Sudán
2023 – Terminación mandato UNITAMS
Línea de tiempo: conflicto en Sudán y entre Sudán y Sudán del Sur

1) Orígenes del conflicto: antes de 2006
El conflicto en Sudán no arranca con Darfur ni con la guerra actual. Es el resultado de una construcción estatal profundamente desigual, atravesada por tres factores persistentes.
Primero, la herencia colonial británica. El Sudán colonial se gobernó de manera fragmentada, reforzando divisiones regionales, étnicas y económicas. El norte árabe-musulmán fue integrado al aparato estatal; amplias zonas periféricas quedaron marginadas, con escasa infraestructura, representación política mínima y economías de subsistencia.
Segundo, la concentración del poder en Jartum tras la independencia (1956). El Estado sudanés se organizó como un centro fuerte que extraía recursos de la periferia sin redistribución efectiva. Esto generó conflictos crónicos en el sur, el este y el oeste del país. La guerra civil norte-sur (1955–1972 y luego 1983–2005) es el antecedente más visible, pero no el único.
Tercero, la militarización del poder. Desde los años sesenta, Sudán alternó gobiernos militares y civiles débiles. El golpe de Omar al-Bashir en 1989 consolidó un régimen autoritario que combinó islamización forzada, represión política y uso sistemático de milicias para controlar territorios periféricos.
En ese marco aparece Darfur. A comienzos de los 2000, tensiones históricas por tierra, agua y representación política se transforman en rebelión armada. La respuesta del régimen fue contrainsurgencia mediante milicias locales (los janjaweed), con violencia masiva contra población civil. Para 2003–2004, la crisis ya tenía rasgos de atrocidades masivas y desplazamientos forzados.
Cuando llegamos a 2005–2006, el conflicto no estaba “empezando”: estaba cronificado, con un Estado que gobernaba delegando violencia y un sistema internacional que reaccionaba tarde y de manera fragmentaria.
2) El conflicto dentro del horizonte temporal 2006–2026
2006–2010: Darfur y la lógica de “gestión del conflicto”
Desde 2006, Sudán entra plenamente en la agenda del Consejo de Seguridad. El foco está en Darfur, no en la estructura estatal sudanesa.
El Consejo adopta sanciones selectivas, crea comités y luego impulsa UNAMID, una misión híbrida ONU-Unión Africana. El objetivo no es resolver el conflicto, sino contenerlo: reducir violencia visible, proteger civiles, facilitar ayuda humanitaria.
Problema clave:
- Mandatos amplios,
- Recursos limitados,
- Falta de cooperación del gobierno sudanés,
- División política dentro del Consejo (China y Rusia priorizan soberanía).
Resultado: Darfur se “estabiliza” sin justicia ni solución política real.
2011–2018: fragmentación del país y normalización del estancamiento
En 2011 se produce la secesión de Sudán del Sur, consecuencia directa del Acuerdo de Paz Integral de 2005. Para Jartum, esto significa pérdida de recursos petroleros y mayor fragilidad económica.
Darfur sigue siendo un conflicto activo pero de baja intensidad mediática. El Consejo renueva mandatos, ajusta sanciones, pero el tema pierde centralidad política. El régimen de al-Bashir sobrevive gracias a:
- control militar,
- represión interna,
- y alianzas externas pragmáticas.
El Consejo entra en una fase de inercia institucional: presencia prolongada, poca capacidad transformadora.
2019–2022: caída del régimen y transición fallida
En 2019, protestas masivas derriban a al-Bashir. Se abre una transición cívico-militar frágil. El Consejo crea UNITAMS para apoyar el proceso político, reformas institucionales y derechos humanos.
Acá hay un quiebre importante:
por primera vez, el problema ya no es solo Darfur, sino el Estado sudanés en su conjunto.
Pero la transición se construye sobre una contradicción estructural:
los mismos actores armados responsables de la represión pasan a ser garantes del proceso.
El golpe militar de 2021 confirma el límite del modelo. El Consejo responde con comunicados, renovaciones de mandato y lenguaje diplomático, pero sin herramientas coercitivas reales.
2023–2026: guerra abierta entre elites armadas
En abril de 2023 estalló la guerra entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). No es una guerra “nueva”, sino la explosión final de la militarización del Estado.
Las RSF son herederas directas de las milicias de Darfur. El conflicto vuelve a producir:
- desplazamientos masivos,
- violencia étnica,
- colapso humanitario.
El Consejo intenta reaccionar, pero ahora enfrenta su límite más crudo:
- proyectos de resolución bloqueados,
- vetos (Rusia),
- ausencia de consenso mínimo.
Sudán pasa de ser un caso de “gestión prolongada” a un ejemplo de parálisis del sistema de seguridad colectiva.
Antecedentes del conflicto militar
Desde abril de 2023 Sudán enfrenta una cruenta guerra civil que por el momento ha dejado un saldo de miles de muertos (es difícil brindar un número exacto debido a la dificultad para acceder a terreno) y once millones de desplazados internos, además de cuatro millones de desplazados externos (ACNUR 2026, OCHA 2026). El avance del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en la región de Darfur (oeste) y en el estado de Kordofán del Sur (Español 2026) amenaza con acentuar la crisis humanitaria en un país en el que el 64 por ciento de su población, incluyendo 16 millones de niños, actualmente dependen de la ayuda internacional para su subsistencia (ECHO 2026).
Esta es la tercera guerra civil que Sudán enfrenta desde que se independizó del Reino Unido y Egipto el 1 de enero de 1956, quienes desde 1899 controlaban el territorio. El denominado condominio anglo-egipcio (Alaminos Hervás 2023) reforzó las divisiones regionales y dividió al país en dos áreas bien diferenciadas: en el norte se ubicó una población mayoritariamente árabe –que controlaría el poder político y los recursos económicos de la futura nación– y en el sur una predominantemente cristiana y animista, que sistemáticamente recurrió a la lucha armada para hacer valer sus derechos obviados por el gobierno central.
Esta asimetría no sólo continuó vigente durante el período republicano, sino que se acentuó. Las desavenencias entre ambas regiones también se exacerbarían debido al intento de impulsar un proceso de islamización forzada en los estados del sur de Sudán por parte de los presidentes de facto Yaafar al Numeiry (1969-1985) y Omar al-Bashir (1989-2019). Lo que terminaría contribuyendo al estallido de la primera guerra civil sudanesa (1955-1972), incluso antes de que se formalice la independencia de Sudán. Las regiones del Sur iniciaron un levantamiento armado para reclamar un mayor nivel federalismo y capacidad de autogobierno, además de rechazar la imposición de las costumbres árabes en el lenguaje y en la propia sociedad. El conflicto dejaría un saldo de alrededor de 500 mil muertos y llegaría a su fin tras la firma de los acuerdos de Adís Abeba (1972), suscriptos entre el gobierno de Sudán y el Movimiento de Liberación de Sudán del Sur (SSLM). Los mismos brindaban una serie de garantías destinadas a fortalecer la autonomía política de las regiones del Sur (Shinn 2004).
El incumplimiento de los compromisos establecidos en dichos acuerdos, sumado, entre otros motivos, a la decisión del gobierno al Numeiry de imponer en septiembre de 1983 la ley islámica (sharia) y a su reticencia a hacer partícipe a las regiones del Sur de los beneficios económicos derivados de la incipiente explotación petrolífera en Sudán (Díez Alcalde y Vacas Fernández 2008), contribuyeron al inicio de la segunda guerra civil (1983-2005). La que provocaría alrededor de 2 millones de muertos, tanto como consecuencia de la contienda militar así como de las hambrunas y enfermedades registradas (USCR 2002).
Para controlar la revuelta militar en la región de Darfur, el gobierno de Omar al-Bashir promovió la creación de las milicias para-estatales “Janjaweed” las cuales fueron acusadas de llevar adelante crímenes de lesa humanidad entre 2003 y 2005 (Ugarte Boluarte y Diestra Huerta 2022). Por este motivo es que en marzo de 2009 y julio de 2010 la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra al-Bashir, a quien, entre otras cosas, se lo acusaba de cinco cargos de crímenes de lesa humanidad y dos cargos de crímenes de guerra (CPI 2010). En 2013 el gobierno sudanés reestructuró a los “Janjaweed” y los reagrupó bajo el liderazgo de Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, quien cambiaría el nombre del grupo a Fuerzas de Apoyo Rápido (Etefa 2019), el cual en 2017 sería aceptado como fuerza militar regular del estado sudanés a través de la denominada Rapid Support Forces Act. Una norma que en septiembre de 2023 sería disuelta por el titular del Consejo de Soberanía y presidente de facto de Sudán, teniente general Abdelfattah El Burhan, en un intento por disminuir el poderío militar de su rival las RSF.
Los crímenes de lesa humanidad cometidos por los “Janjaweed” en Darfur contribuyeron a que el conflicto sudanés entrará en la agenda del Consejo de Seguridad (CSNU), quien en esos años aprueba una serie de resoluciones que perseguían el objetivo de disminuir la intensidad del conflicto. Entre las principales podemos destacar la resolución 1556 (2004), que instauraba el embargo de armas sobre Darfur, o la resolución 1591 (2005) que creó el Grupo de Expertos y el régimen de sanciones. Pero estas sólo englobaban al conflicto de Darfur pero no tenían validez en el resto de Sudán, como si el mismo solo se debiera a causas endógenas y no existieran factores externos que contribuyeran a la reproducción de la violencia. En los últimos años organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional (2024) vienen haciendo hincapié en la necesidad de ampliar el embargo de armas a todo el país para poner fin a la guerra civil. Este enfoque es compartido por la Misión Internacional Independiente de Investigación de los hechos para el Sudán (Naciones Unidas 2024), órgano encargado de investigar las violaciones a los derechos humanos cometidas en el marco del conflicto y que fuera creado por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas a través de la resolución A/HRC/RES/54/2.
Más allá de las carencias que podemos identificar en las resoluciones del Consejo de Seguridad lo cierto es que las mismas aumentaron la presión diplomática contra las partes del conflicto, contribuyendo a alcanzar una solución negociada al mismo.
La segunda guerra civil sudanesa llegaría a su fin en enero de 2005 tras la firma del Acuerdo Integral de Paz entre el gobierno de Sudán y el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán/Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán. Entre las principales medidas acordadas sobresalen las siguientes: a) se reconoce el derecho de las regiones del Sur a votar en un referéndum si deciden seguir siendo parte de Sudán u optan por la independencia, el mismo debía realizarse en un plazo de seis años; b) declara un alto al fuego bajo observación extranjera y autoriza la creación de dos ejércitos (las Fuerzas Armadas sudanesas y el Ejército Popular de Liberación de Sudán); c) se reparten las regalías petroleras de forma equitativa entre el Norte y el Sur, además de llevarse adelante una serie de reformas en el campo político entre las que sobresale la designación del jefe del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán, John Garang, como primer vicepresidente de un gobierno de “unidad nacional”; d) solicita la redacción de una nueva Constitución Nacional provisoria, la cual fuera aprobada en julio de 2005 y consagrará un sistema de gobierno federal y descentralizado que reconoció una amplia autonomía para las regiones del Sur (Ortega Rodrigo 2007).
Para respaldar el incipiente proceso de paz sudanés, en julio de 2007 se creó la Operación Híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur (UNAMID). La misma reemplazó a la Misión de la Unión Africana en Sudán (AMIS) y su principal objetivo era apoyar la implementación del Acuerdo de Paz de Darfur, suscripto en mayo de 2006, así como garantizar la seguridad en la zona sin perjuicio de las responsabilidades que le atañen al gobierno de Sudán en esa materia (Naciones Unidas 2007).
El gobierno al-Bashir rechazó la posibilidad de crear una misión de establecimiento de la paz en Darfur que estuviera controlada íntegramente por Naciones Unidas, tal como contemplaba la resolución 1706 aprobada por el Consejo de Seguridad el 31 de agosto de 2006. Por esta razón es que se decidió crear una misión de carácter “híbrido” con la UA, lo que permitió conseguir la aprobación del gobierno sudanés. No obstante, el mismo siguió poniendo obstáculos burocráticos y de diferente tipo que perjudicaron el desempeño de la misión, así como de los distintos órganos especializados, a pesar de los reiterados pedidos por parte del CSNU para que garantizara la libertad de movimiento de los miembros de UNAMID. Una dinámica que se mantendría vigente incluso luego del derrocamiento de al-Bashir en 2019 y que alcanzaría su punto máximo en noviembre de 2023 cuando el gobierno de Sudán solicitó al Secretario General de Naciones Unidas el cierre de la sucesora de UNAMID (la Misión Integrada de Asistencia a la Transición en Sudán (UNITAMS), creada en 2020 a través de la resolución 2524 del Consejo de Seguridad).
Luego de haberse cumplido el plazo de seis años previsto en el Acuerdo Integral de Paz, entre el 9 y el 15 de enero de 2011 se llevó adelante el referéndum independentista de Sudán del Sur el cual fue aprobado con el 98.83 % de los votos. El país proclamó su independencia el 9 de julio de 2011. Ante esta situación es que el Consejo de Seguridad en junio de 2011 creó la Fuerza Provisional de Seguridad de las Naciones Unidas para Abyei (UNISFA), una zona que era pretendida tanto por Sudán como por Sudán del Sur.
Mientras que al mes siguiente se anunció el comienzo de la Misión de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS), la cual buscaba fortalecer la capacidad institucional del flamante Estado para construir un sistema de gobernanza eficaz y democrático. Pero este anhelo muy pronto se vería truncado por el inicio de la guerra civil sursudanesa, la cual comenzó en diciembre de 2013 cuando el presidente, Salva Kiir, acusó a su vicepresidente, Riek Machar, de supuestamente planear un golpe de estado. Esto provocó su apartamiento del gobierno y el posterior inicio de una contienda militar/étnica que en cinco años dejó un saldo de 400.000 muertos y cuatro millones de desplazados.
La guerra civil formalmente llegaría a su fin tras la firma del Acuerdo de Paz Revitalizado, suscripto el 12 de septiembre de 2018 en Addis Abeba, Etiopía.
A pesar del entusiasmo que generó en la comunidad internacional la firma del Acuerdo, el conflicto en Sudán del Sur ha vuelto a reactivarse a tal punto que en octubre del año pasado la Comisión de Derechos de Sudán del Sur, órgano creado en 2016 por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas para monitorear el estado de los derechos humanos en el país, alertó sobre la posibilidad de que vuelva a reiniciarse la guerra civil (Naciones Unidas 2025). Las partes del conflicto en gran medida incumplieron los compromisos establecidos en el Acuerdo de Paz Revitalizado. Una muestra en este sentido es que, por ejemplo, todavía no se han podido llevar adelante las elecciones presidenciales, las cuales, según el cronograma inicial, debían realizarse en Septiembre de 2021. La última fecha anunciada por el gobierno de Sudán del Sur para la realización de los comicios es el 22 de diciembre de 2026.
La situación humanitaria en Sudán es aún peor. El derrocamiento de Omar al-Bashir, ocurrido el 11 de abril de 2019, sumado a la posterior firma de los Acuerdos de Paz de Juba, suscriptos en Octubre de 2020 y que perseguían el objetivo de poner fin al conflicto militar en la región de Darfur y en los estados de Kordofán del Sur y Nilo Azul, parecían abrir una nueva etapa de estabilidad en el país y sobre todo sin violencia.
Pero esta dinámica llegaría a su fin con el golpe de estado registrado en octubre de 2021, en el cual las RSF desempeñarán un rol clave. Tras el mismo su líder Hamdan Dagalo asumió el cargo de vicepresidente del Consejo de Soberanía de Transición, un puesto que ya había desempeñado en el Consejo Militar de Transición surgido tras la caída de al-Bashir (el cual también fuera presidido por el Abdelfatah Al-Burhan) y que supuestamente debía gobernar Sudán por sólo por tres años para dar paso luego a la convocatoria de elecciones.
Dagalo terminaría abandonando la vicepresidencia en abril de 2023 debido a diferencias políticas con el presidente de facto de Sudán, Abdelfatah Al-Burhan, lo que –entre otros motivos- determinaría el comienzo de una nueva guerra civil entre las RSF y Ejército de Sudán. A esto tenemos que añadir que en diciembre de 2023 el Consejo de Seguridad decidió, a instancias de una solicitud presentada por el gobierno de Sudán, terminar con el mandato de la Misión Integrada de Asistencia de las Naciones Unidas para la Transición (UNITAMS). Una decisión que limitó la capacidad operativa de Naciones Unidas en Sudán, una organización que ya de por sí sufre una severa crisis de financiamiento, dejando a miles de víctimas de la guerra civil sin una red de contención humanitaria que les permitiera mitigar los perjuicios humanos y materiales generados por el conflicto.
Resoluciones aprobadas: 12
Resoluciones de Consejo de Seguridad
- S/RES/1990/2011
- S/RES/1996/2011
- S/RES/1591 (2005)
- S/RES/2524 (2020)
- S/RES/2715 (2023)
- S/RES/2206(2015)
- S/RES/2428 (2018)
- S/RES/2736 (2024)
- S/RES/2724 (2024)
- S/RES/1556 (2004)
- S/RES/1706 (2006)
- S/RES/2340 (2017)
Resoluciones NO APROBADAS: 0