La IV Cumbre UE-CELAC: más consensos que disensos
Francisco Sánchez, Director del Instituto de Iberoamerica y profesor titular de Ciencia Política, Universidad de Salamanca.
Que una de las noticias más vistas sobre la IV Cumbre UE-CELAC sea que el presidente Pedro Sánchez vistió una guayabera confirma la percepción de la Cumbre como un evento de segunda donde lo más reseñable es la indumentaria del Presidente del Gobierno español. A pesar de las ausencias -solo participaron 9 de 60 jefes de Estado o de Gobierno-, la Cumbre tiene en su haber una serie de hechos de relevancia política, económica y social para el futuro de las relaciones birregionales. Si miramos más allá del número de mandatarios participantes —otro clásico de los titulares— y leemos entre líneas la Declaración Final Conjunta o los documentos resultantes de las múltiples reuniones paralelas que integran la Cumbre, observaremos que son más las razones para considerar que el vaso está medio lleno; pero acá, quiero centrarme en algunos hechos que merecen observarse para hacer una valoración política de la misma con miras a mejorar las relaciones birregionales.
Algunas consideraciones iniciales
Las cumbres de mandatarios son mecanismos de diálogo regional o interregional que no se limitan únicamente a la reunión de presidentes. Si bien es cierto que ese es el momento culmen, hay todo un trabajo de acuerdos y reuniones previas o eventos que se celebran a la vez, como las reuniones empresariales o las de la sociedad civil, que también forman parte de las cumbres y tienen buenos resultados. Aunque, posiblemente, estos foros no alcancen los objetivos esperados, centrados en la firma de grandes contratos o en la participación de importantes grupos empresariales, sirven como termómetro de la realidad o como un mecanismo para incluir nuevos temas en la agenda pública.
Sin caer en el simplismo de evaluar la Cumbre en función de los participantes, creo que merece la pena analizar la cancelación de última hora de la presidenta de la Comisión y del canciller alemán. Más allá de que el gesto pueda ser observado como una falta de interés por América Latina, preocupa que el verdadero motivo de la no asistencia sea el señalado por la cadena pública de noticias alemana en el titular: “Europa desatiende a América Latina para no enojar a Trump”. La idea que subyace es que los líderes europeos no querían ir a una zona amenazada militarmente por los EE.UU. En estas circunstancias, se esperaba la participación de más gobernantes de América Latina y el Caribe como una muestra de apoyo a los países agredidos, pero solo asistió el presidente Lula de Brasil. Ausencias que dicen mucho sobre la tan cacareada solidaridad latinoamericana. Para ser justos cabe señalar que se incluyó un punto específico que critica la amenaza militar, aunque el apoyo no fue unánime.
La Declaración
Se trata de un documento de 52 puntos que, en parte, puede parecer una lista de buenos deseos y peticiones, pero su lectura es obligaría para todo aquel que quiera opinar del tema. Hay algunos asuntos que se incluyen por el interés particular para un país y que siempre suelen estar, en esta u otras declaraciones similares, como el litigio de las Malvinas o la condena al embargo a Cuba. A ellos podrían sumarse otros que son de claramente impulsados por la UE, como los relativos a su propuesta de las transiciones en el marco del Global Gateway. Pero también son significativos los temas que no se incorporan. En este sentido, llama la atención que no se haga ninguna mención explícita al tratado de libre comercio entre la UE y Mercosur, ausencia que se hace más notoria debido a que ese acuerdo lleva siendo punta de lanza de la propuesta europea desde hace 20 años y que, se supone, está en la fase final de ratificación en el Parlamento Europeo.
La falta de mención adquiere más relevancia debido a que, en el punto 27 de la declaración, se hace una mención explícita a los acuerdos con Chile, Centroamérica, Colombia, Ecuador y Perú. En este marco, cobra mucha importancia la actuación de Francia, uno de los mayores detractores del acuerdo, que se ha mostrado bastante ambivalente. Luego de haber dicho en la COP30 –cuyo anfitrión era el presidente Lula, partidario del acuerdo— que era “optimista” y como defensa ante las críticas recibidas por ese “desliz”, el presidente Macron dijo en México, país al que prefirió visitar en lugar de ir a la Cumbre de Santa Marta, que se mantendría “vigilante” ante los términos del acuerdo con Mercosur. En este escenario, es posible que la omisión del acuerdo con Mercosur se haya debido al afán de evitar que se hagan patentes las divisiones y dudas que el acuerdo sigue generando.
Otra forma de leer las declaraciones es prestando atención a las posiciones de los países respecto a algunos temas, sobre los que unos quieren pronunciarse en cierto sentido y otros no. En estos casos, los países hacen lo que en el argot cumbril se conoce como “disociaciones”, es decir, dejan constancia de su desacuerdo sobre puntos específicos. Mientras ningún país europeo se ha disociado, hay un grupo de países CELAC que han marcado posiciones divergentes. Así, por un lado, mostraron su clara alineación con los EE.UU. y su agenda internacional y, por otro, su rechazo a todo lo que denominan, despectivamente, “agenda globalista”: género, Agenda 2030, Pacto por el Futuro u Objetivos de Desarrollo Sostenible. A la cabeza de esos países está la Argentina de Milei, que no compartía la redacción o texto de ocho párrafos. Paraguay también tenía objeciones en ambos sentidos, aunque en menor número e intensidad. En el grupo de países que disienten para no incomodar a los EE. UU., se hallan Costa Rica, El Salvador, Panamá y Trinidad y Tobago. Del acuerdo molestan, en mayor medida, los puntos 18, sobre el embargo a Cuba, y el 10, que habla de América Latina y el Caribe como “zona de paz” al tiempo que muestra, de forma muy comedida, preocupación por las acciones militares de los EE. UU. en la zona del Caribe y del Pacífico. Ecuador, que también está en este bloque de aliados incondicionales de los norteamericanos, se opuso al punto 15 de la declaración, que hace mención, de manera tibia, a los crímenes en contra de la población de Gaza.
Para terminar
A pesar de que los resultados de la Cumbre estén lejos de las expectativas generadas cuando Colombia asumió la sede y las autoridades europeas afirmaban apostar por América Latina como socio preferente, considero que hubo avances relevantes para la relación bilateral que no han recibido suficiente atención, como el “Pacto por el Cuidado” o la “Alianza de Seguridad Ciudadana”. Este último acuerdo es especialmente importante para enfrentar el problema global del narcotráfico.
A la espera de la hoja de ruta para la próxima Cumbre —que se celebrará en Bruselas en 2027—, cabe esperar una valoración por parte de la UE sobre el funcionamiento del modelo actual de cumbres y considerar si no valdría la pena adoptar el exitoso modelo chino de encuentros con la CELAC, los cuales no necesariamente son entre jefes de gobierno, aunque estos pueden participar. De este modo, las presencias se convierten en méritos y no en ausencias penalizadas.