Los BRICS se enfrentan a Trump

Jul 24, 2025 | Actualidad GATE, Publicaciones |

Matias Mongan, Colaborador del Gate Center y periodista.

Desde su primera cumbre hace dieciséis años, BRICS se ha convertido en un bloque poderoso: representa el 40% de la población mundial, el 30% de la economía y el 20% del comercio planetario (Saccone 2025). El 6 y 7 de julio, el grupo BRICS y sus diez Estados miembro, celebró su 17ª Cumbre en Rio de Janeiro con marcadas ausencias: solo participaron seis Presidentes o Jefes de Estado y cuatro enviaron reemplazos – algo inédito en un grupo que hasta ahora se había presentado unido al máximo nivel. Ante las ausencias y las diferencias que existen entre los países, el anfitrión Lula da Silva puede apuntarse el éxito de haber consensuado una Declaración Final. 

El proteccionismo de EE.UU. centró la atención de la Cumbre de los BRICS. Brasil, en su rol de presidente pro-tempore del grupo, buscó conseguir una declaración final balanceada y, por esta razón, el documento no menciona expresamente a Estados Unidos ni a su Presidente quien, entre otros, amenaza con imponer un arancel del 50% a todos los productos brasileños. No obstante, crítica las prácticas económicas proteccionistas amparadas en motivos geopolíticos como medioambientales, en referencia a la Unión Europea (UE). 

Los desafíos que los BRICS afrontan de cara al futuro son múltiples: la necesidad de fortalecer la cohesión tras la ampliación del 2024 y de ahondar la cooperación y el comercio intra-bloque en un contexto internacional “anárquico” y en el cual Trump parece decido a profundizar la presión diplomática contra el grupo para debilitar el liderazgo de China. Esta situación amenaza con reducir su margen de acción internacional y su papel como promotor de los intereses del Sur Global.

La reunión ministerial previa a la Cumbre evidencia tensiones internas

La ampliación de los BRICS¹  de cinco a diez miembros, diferentes en tamaño, geografía o nivel de desarrollo, impulsada principalmente por China (Gabuev y Stuenkel 2024), deja en evidencia la creciente dificultad para armonizar posiciones entre países que tienen intereses a veces contrapuestos y que deciden por consenso o unanimidad.

Una muestra de ello fue lo ocurrido durante la reunión de ministros de relaciones exteriores de los BRICS en Rio de Janeiro, celebrada entre el 28 y 29 de abril, que concluyó sin una declaración conjunta debido a la oposición que Egipto y Etiopia ejercieron contra la propuesta del bloque para reformar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ambos países se negaron a apoyar la candidatura de Sudáfrica ya que consideraron que atentaba contra lo dispuesto en el Consenso de Ezulwini, suscrito por la Unión Africana (UA) en 2005, que reivindica al menos dos asientos permanentes para las naciones africanas en el Consejo de Seguridad sin mencionar un país en particular (UA, 2005). Los nuevos miembros de los BRICS incluso decidieron dejar constancia de su desacuerdo en la declaración final (MRE 2025), a pesar de que se retiró la mención a Sudáfrica en el documento final: “Esto supuso una rara ruptura pública en las deliberaciones de los BRICS, en un tema tan simbólico y políticamente sensible como la reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas” (TheVoice of Africa 2025).

Si los países miembros no lograron alcanzar un consenso en un tema que forma parte de la agenda de los BRICS desde su fundación en 2009, más difícil aún será lograr una posición común en otros asuntos como la guerra comercial iniciada por Donald Trump. Existen distintas percepciones respecto al rol que deben adoptar los BRICS en esta disputa. China y Rusia, por ejemplo, quieren convertir al organismo en un eslabón de su lucha contra Occidente y el orden mundial elaborado por Estados Unidos (Gabuev y Stuenkel, 2024). Este objetivo se fortaleció aún más tras el ingreso de Irán, un enemigo histórico de Washington y con el cual recientemente tuvo un altercado militar. Otros países, especialmente Brasil e India, en cambio pretenden que los BRICS contribuyan a democratizar las organizaciones internacionales. Desde su punto de vista, esto puede contribuir a promover una mayor multipolaridad que les permita a los países del Sur Global poder vincularse desde una mejor posición tanto con los bloques liderados por China como Estados Unidos: “Esta batalla entre estados anti-occidentales y no alineados marcará el futuro de los BRICS, con importantes consecuencias para el propio orden mundial” (Gabuev y Stuenkel 2024).

En cuanto a la postura de los demás países que recientemente ingresaron al bloque, a Indonesia, se puede ubicar dentro del segundo grupo. Así, durante la Cumbre de Rio de Janeiro el presidente, Prabowo Subianto, instó a sus pares a mantener vigente el “Espíritu de Bandung” (la Conferencia de Bandung de 1955 en Indonesia que fundó el Movimiento de Países no Alineados). Un discurso similar al adoptado por Lula da Silva, quien durante el encuentro remarcó que los BRICS son herederos de ese movimiento político (Grippo 2025). Egipto y Emiratos Árabes Unidos también optaron por un enfoque pragmático, en el caso de Egipto por su deseo de preservar su rol de “potencia media” capaz de promover la paz y la seguridad en Medio Oriente y África (EI 2025) como, en lo que se refiere a Emiratos Árabes, por los vínculos comerciales que lo unen con EE.UU. El único país que pareciera más cercano a la postura de China es Etiopia, debido al creciente comercio bilateral que existe entre ambos países (Zhou 2025). 

Rechazo de las políticas comerciales unilaterales sin mencionar a Trump

Diferente a ediciones anteriores, la Cumbre de Río se caracterizó por marcadas ausencias. Vladimir Putin participó de forma digital ante la amenaza de la orden de arresto por la Corte Penal Internacional. Tampoco acudieron los presidentes de China, de Egipto y de Irán. La ausencia más importante fue, sin duda, la del presidente chino, Xi Jinping, quien por primera vez no concurrió a la cumbre anual del grupo desde que asumió el poder en el año 2013. En su lugar envío al primer ministro Li Qiang, con el mensaje de consensuar una respuesta común ante las prácticas comerciales unilaterales: “La política de poder y la intimidación nunca son la forma correcta de resolver los problemas” (Xinhua 2025).

Contrario al discurso que por momentos China ha venido utilizando en su guerra comercial con EE.UU. la declaración final del encuentro evitó un tono polarizante en consonancia con el enfoque adoptado por la presidencia pro-tempore brasileña quien, en palabras del canciller Mauro Vieira (2025), consideraba que BRICS no es “un bloque de confrontación” sino una coalición que promueve la cooperación y el desarrollo en los aíses del Sur Global. 

La declaración final no sólo cuestiona el “aumento indiscriminado de aranceles y medidas no arancelarias” contrarios a los principios de la debilitada Organización Mundial de Comercio (OMC), sino que también rechaza el proteccionismo económico disfrazado de discurso medioambiental en alusión a la UE. El documento incluso destina más artículos a cuestionar esta práctica (artículos 85, 88 y 99) que a rechazar la política comercial de EE.UU. En este sentido considera que las medidas implementadas para combatir el cambio climático, como pueden ser los mecanismos de ajuste de carbono en frontera y las normativas sobre deforestación, entre otras, no deben “constituir un medio de discriminación arbitraria o injustificable ni una restricción velada del comercio internacional” (BRICS, 2025: 27). A finales de 2025 el bloque transnacional tiene previsto aplicar la normativa (UE, 2023) que determina que sólo podrán entrar en el mercado europeo aquellos productos que no hayan sido objeto de deforestación o degradación forestal (EUR-Lex 2025). Siete commodities (ganado, cacao, café, palma aceitera, caucho, soja y madera) están afectados por la medida que perjudica una parte importante de las exportaciones de algunos países BRICS como, por ejemplo, Brasil donde la soja concentra el 15,2% de sus exportaciones totales (OEC, 2025). 

La declaración final también evita profundizar en los principales conflictos militares, ya que en algunos participan miembros de los BRICS (como Rusia e Irán). En cuanto a la guerra de Ucrania, los BRICS destacan la importancia de las propuestas de mediación, como la Iniciativa Africana de Paz y el Grupo de Amigos para la Paz, que buscan alcanzar una solución pacífica del conflicto por medio de la diplomacia. En cuanto a los ataques de EE.UU. a la infraestructura nuclear iraní, son considerados como una violación al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas, aunque el texto no menciona al gobierno de Donald Trump para evitar generar posibles represalias. Al conflicto militar que se le dedica mayor atención es a la guerra en Gaza. Los BRICS critican la obstrucción a la entrada de ayuda humanitaria por parte de Israel y condenan la violación a los derechos humanos, incluyendo a la utilización del “hambre” como método de guerra. El calificativo “genocidio” no se incluyó en la declaración de Río, aunque lo usó Lula da Silva en su discurso de apertura para describir las acciones militares del gobierno israelí de Benjamín Netanyahu en Gaza (Gosman 2025).

Finalmente, se reconoce el desafío de fortalecer la cohesión interna del bloque tras acoger cinco nuevos miembros y teniendo en cuenta la diversidad de temas en disputa, tal y como ocurrió con la propuesta de reforma del Consejo de Seguridad: “Reconocemos que la ampliación del número de miembros y de la agenda temática del BRICS requiere ajustes en los métodos de trabajo del grupo…Apoyamos la mejora de las prácticas existentes para garantizar que el BRICS siga siendo eficaz, eficiente, receptivo, inclusivo y basado en el consenso” (BRICS 2025).

Principales desafíos

El logro del gobierno de Lula da Silva consistió en haber alcanzado un consenso y así evitar la experiencia negativa de la reunión ministerial de abril, más aun teniendo en cuenta las ausencias que disminuyeron el potencial político de la Cumbre de Rio de Janeiro. Sin embargo, sería exagerado asegurar que la Cumbre fue un fracaso debido a la ausencia de Xi Jinping, ya que, a pesar de que China ocupa un rol de liderazgo en los BRICS, países como Brasil e India lograron actuar como contrapeso y le disputan a China el control discursivo del bloque. La próxima Cumbre presidencial tendrá lugar en India, lo que garantiza la continuidad del enfoque “pragmático” adoptado por la presidencia pro-tempore brasileña.

De cara a esta cita, el principal desafío del grupo es fortalecer su cohesión interna y aprobar medidas concretas que permitan armonizar los intereses perseguidos por los países miembros que no son siempre complementarios. Ello permitiría que el bloque este en mejores condiciones de enfrentar los embates arancelarios del presidente Trump, quien ve a los BRICS como un enemigo de Occidente e incrementa la presión diplomática para debilitar su poder de atracción internacional en el Sur Global con la esperanza de perjudicar el liderazgo de China. Como es habitual en su política sin matices, las medidas no diferencian entre aquellos gobiernos con un sesgo más “antioccidental” (como China, Rusia e Irán) de aquellos que tienen una vocación más dialogante y que buscan actuar como eslabón entre los países del Norte y del Sur, como los miembros tradicionales de BRICS, Brasil, India o Sudáfrica o los nuevos como Egipto, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia.

La actitud hostil de Trump podría radicalizar el discurso de este segundo grupo de países que, a pesar de algunas diferencias en política exterior, coincide con el primero en la necesidad de consolidar un sistema internacional multipolar y de reformar las organizaciones internacionales. Este escenario conduciría, sin duda, a un aumento de la conflictividad y ahondaría la crisis de un multilateralismo que, como señaló Lula da Silva en la Cumbre de Rio de Janeiro, atraviesa un “colapso sin precedentes”.

 

 

 

[1]Entre 2024 y 2025 se han incorporado cinco miembros plenos a los BRICS: Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia. Arabia Saudí participa en las Cumbres, pero no ha formalizado su adhesión.

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