Una nueva oportunidad perdida para relanzar la cooperación África-Europa

Dic 4, 2025 | Opinión GATE, Publicaciones |

Matias Mongan, Colaborador del Gate Center y periodista.

Bajo el lema poco original y casi anacrónico “Promover la paz y prosperidad mediante un multilateralismo eficaz”, se celebró en Luanda (Angola) entre el 24 y el 25 de noviembre de 2025 la VIIª Cumbre Unión Europea (UE)-Unión Africana (UA). El timing del encuentro no fue el mejor, ya que se realizó sólo un día después de finalizar la Cumbre del G20 en Sudáfrica y en medio de la polémica generada por el plan de paz para Ucrania presentado por el presidente de Estados Unidos, DonaldTrump. Ello obligó a los mandatarios europeos a dedicar parte del cónclave a consensuar posiciones respecto a Ucrania, en vez de enfocarse en promover la cooperación económica y política entre Europa y África.

A pesar de la gran expectativa previa respecto a la Cumbre, que coincidió con veinticinco años del esquema interregional UE-UA, no arrojó resultados relevantes y no contribuyó a relanzar la relación.Sin embargo,es posible identificar ciertos avances parciales en temas de interés común y una cooperación algo más horizontal -sobre todo en el plano discursivo. A los gobiernos africanos, la cooperación con Europa les sirve para diversificar las economías y reducir los niveles de dependencia de China. Mientras que la UE busca aumentar sus lazos con África para recuperar influencia en el continente, aprovechando el repliegue de la cooperación china (Mongan 2025).

Principales desafíos que enfrenta la cooperación europeo-africana

Una de las principales críticas que se suele hacer a la cooperación europeo-africana es que la UE monopoliza la agenda de las Cumbres presidenciales, valiéndose de su mayor peso económico y político (Laporte 2025). En esta ocasión, los países africanos lograron incorporar algunas de sus demandas en la Declaración Conjunta, lo que representa un avance respecto a encuentros anteriores. También buscaron dotar a la agenda bilateral de un enfoque multidimensional, para de esta forma evitar que la UE centre las discusiones en aquellos temas afines a su interés (como pueden ser la migración y los recursos naturales).

Así, por ejemplo, el texto menciona la necesidad de reformar el sistema financiero internacional e impulsar programas de restructuración de deuda más transparentes y eficaces (European Council 2025), ya que, en 2023, el 46% de los países de África tenían una relación deuda/PIB superior al 60% (UNCTAD, 2024). Este reclamo viene siendo impulsado de forma sistemática por los mandatarios africanos en distintos foros multilaterales y está en consonancia con el pedido realizado por el presidente de Angola, João Lourenço, al inicio de la Cumbre.

No obstante, el problema es que los compromisos anunciados no se implementan y sólo tienen incidencia en el plano perfomativo, pero no contribuyen a modificar dependencias estructurales, algo que ya se había visto en anteriores cumbres UE-UA (Ideas Indaba 2025).

Uno de los principales desafíos de las economías africanas es diversificar sus esquemas productivos para reducir la dependencia de las materias primas que representan el 60% de los productos exportados en más de la mitad de los países del continente (UNCTAD, 2025). Esto determina que las economías sigan siendo muy vulnerables a los choques externos, tanto económicos como geopolíticos (Naciones Unidas 2022), reduciendo el nivel de ingresos y generando importantes consecuencias a nivel social (UNCTAD, 2023).

Esta dinámica desigual también está presente en el comercio entre África y Europa. La UE es el principal socio comercial de África. En 2024, los flujos comerciales alcanzaron los 355.000 millones de euros, representando aproximadamente un tercio del comercio total de África. En 2024, los países africanos tuvieron un superávit de unos 22.000 millones de euros en su relación comercial con la UE. El 71,3 % de las importaciones europeas fueron productos primarios, mientras que casi el 67% de las exportaciones correspondieron a manufacturas (Comisión Europea 2025).

Esta lógica dependentista también está presente en los flujos comerciales de los países africanos con China, otro importante socio comercial con el que se reproduce la misma estructura de intercambio desigual, con un balance aún peor. A diferencia del superávit comercial con la UE, África tuvo en 2023 un déficit comercial de 63.000 millones de dólares con China (AfricaTrade Academy 2025).

Ante esta asimetría comercial era de esperar que se incluyera en la Declaración Conjunta de la Cumbre alguna medida orientada a modificar estas asimetrías. Por ejemplo, diversos estudios hacen hincapié en la necesidad de estrechar los vínculos comerciales en el área de servicios (EIIR 2024, Were y Odongo 2022). Esto permitiría a las economías africanas incorporar valor agregado a sus productos, tanto en el área de turismo como en otros sectores (software, economía digital, etc), permitiendo mejorar su posición en las cadenas globales de valor.

La cooperación europeo-africana data de la década de 1970, cuando se firmó el Convenio de Lomé (1975) que condujo en 2000 al Acuerdo de Cotonú. Sin embargo, en las últimas dos décadas, la participación de las economías africanas en el comercio global se ha visto reducida, con sus exportaciones decayendo de un 3,5 % en 2009 a un 3,3 % en 2024 (Afreximbank, 2025:11).

A modo de cierre

 En el plano geopolítico, uno de los objetivos que perseguía la UE con esta cumbre era presentarse como un contrapeso a China en África y un socio comercial “fiable”. Ello ocurre en un momento en que Estados Unidos se retira del continente, siguiendo los lineamientos del presidente Trump. China, por su parte, realizó cambios en su modelo de cooperación que pasó de las grandes obras de infraestructura en países de renta baja a promover iniciativas de menor escala y preferentemente en sectores tecnológicos y energéticos (Yeung 2024). Este cambio amenaza con dejar a los países africanos sin una fuente de financiación externa que les permitiera llevar adelante las obras de infraestructura necesarias para modernizar sus economías.

La UE pretende llenar esta laguna. En su discurso de apertura, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, remarcó que el compromiso de Europa con África era permanente y que, a diferencia del gobierno de Xi Jinping, el principal objetivo de su política de desarrollo era generar dinámicas que sean beneficiosas para ambas partes: «Otros inversores suelen seguir una estrategia diferente. Construyen fábricas, ya sea en África o en Europa, pero las dotan de trabajadores extranjeros. Perforan, explotan y se llevan los beneficios, dejando a menudo un legado de deuda insostenible. Este no es el modelo europeo” (Comisión Europea 2025).

Otro logro de la diplomacia europea fue convencer a los países africanos de incluir en la Declaración Conjunta el compromiso de prevenir la migración irregular e incluso de promover “retornos voluntarios”, respetando los acuerdos bilaterales y los derechos humanos. Para la UE es un asunto prioritario de gran interés. Los mandatarios africanos, por su parte, se muestran más reacios a encuadrar la relación bilateral sólo en este tema, como pretenden algunos gobiernos europeos de extrema derecha.

Si la UE realmente quiere ampliar su influencia y peso en el continente africano y competir con China, deberá ser capaz de ofrecer algún tipo de beneficio tangible a las economías de la región. La  Cumbre de Angola terminó siendo otra oportunidad perdida en este sentido, lo que refleja la poca importancia geopolítica que la UE concede a su relación con África.

Los estados africanos son conscientes de la oportunidad que les brinda la disputa por esferas de influencia entre las grandes potencias del sistema internacional. Por tanto, no dudan en hacer uso de una lógica utilitarista que tradicionalmente ha caracterizado a la política externa de los países periféricos y en impulsar un modelo de inserción internacional “pendular” con el cual buscan sacar el mayor provecho posible de sus vínculos diplomáticos. Una muestra en este sentido es que al inicio de la cumbre el presidente angoleño, João Lourenço, remarcó que el mundo no estaba formado por “sólo uno o dos países” y que su gobierno estaba dispuesto a trabajar con todo tipo de socios (Jornal de Angola 2025). Ello evidencia la predisposición de los países africanos a evitar los alineamientos incondicionales para ampliar su margen de acción internacional.

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