2026: ¿año de paz?
Susanne Gratius, Coordinadora Académica del Gate Center y Profesora Titular de Relaciones Internacionales, UAM
Sin duda, 2025 no entrará en la historia como un año de paz. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (ISS en inglés), en 2025, unas 240.000 personas murieron en enfrentamientos violentos, un aumento del 23% respecto al período anterior. Con respectivamente más de 82.000 y 21.000 víctimas mortales hasta julio de 2025, Gaza y Ucrania han sido los conflictos más letales. La violencia y las guerras también provocaron el desplazamiento forzoso de 120 millones de personas a otros territorios[1].
Donald Trump no cumplió su promesa electoral de poner fin a la guerra en Ucrania y solo consiguió una tibia tregua en el conflicto de Gaza que Israel sigue incumpliendo, igual que la llegada de ayuda humanitaria a un territorio inhabitable tras más de dos años de bombardeos israelíes. El presidente de Estados Unidos no ganó el Premio Nóbel de Paz con el que el Comité en Noruega galardonó a su aliada, la opositora venezolana María Corina Machado. Los ataques militares desde EE.UU. vía mar y tierra contra el narcotráfico en el Mar del Caribe son una demostración de fuerza bruta del Presidente Trump quien declaró América Latina como zona prioritaria en su estrategia de seguridad.
¿Qué cabe esperar del año 2026? Ante las dificultades de concretar los planes de paz unilaterales de EE.UU. para poner fin a los conflictos en Gaza y Ucrania, lo más probable es su continuidad, ojalá a una escala más baja. Otros conflictos violentos, como el de Sudán o Libia, también seguirán, sin la atención mediática o nuevas iniciativas de resolución como las de Gaza y Ucrania.
El año 2026 empezó, el 1 de enero, con el 40ª aniversario de la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) donde se consolidó como cuarta economía. Hace 90 años, se inició la Guerra Civil Española que terminó con cuarenta años de dictadura hasta 1976, cuando se inició la transición a la democracia, el pacto que condujo a la Constitución española y a las primeras elecciones en democracia.
En Europa, el año 2026 se abre con la entrada de Bulgaria como 21º integrante de la zona del Euro, y coincide con el décimo aniversario del Brexit, de la salida del Reino Unido que, poco a poco, vuelve a integrarse, aunque no formalmente, a la UE, mediante programas como Erasmus, Horizon Europe y otras iniciativas. Aunque ninguno de sus 27 Estados miembro siguió el camino del Reino Unido, la UE está inmersa en otra crisis existencial, esta vez por el derrumbe de su estratégica relación transatlántica tras la alianza de Trump con Vladimir Putin y su desprecio abierto a la UE. Por un lado, la crisis transatlántica exige construir una política común de seguridad y defensa para seguir apoyando a Ucrania y sustituir a Estados Unidos y, por el otro, obliga a diversificar las relaciones económicas para contrarrestar el proteccionismo de EE.UU. Está en juego la credibilidad de la UE como faro del libre comercio y promotor del interregionalismo si no logra aprobar -en enero- el acuerdo de asociación con el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) que no se firmó en diciembre por la oposición de Francia e Italia que, junto con Austria y Polonia, constituyeron una mayoría de veto, dando la razón a sus furiosos agricultores, a pesar de que éstos representan menos del 4,2% de la fuerza laboral. La no firma del acuerdo con el MERCOSUR dejaría la UE en una posición aun más marginal en América Latina, frente a China y Estados Unidos, y desmantelaría su discurso de libre comercio.
El acontecimiento más trascendente del año será, sin duda, la elección al Congreso en Estados Unidos, el 3 de noviembre, cuyo resultado condicionará la segunda mitad del mandato de Donald Trump. El descontento entre su electorado crece. Según encuestas de diciembre de 2025[2] su apoyo popular ronda el 40-45% de los electores, comparado con más de la mitad al inicio de su segundo mandato. Si los Demócratas recuperan el Congreso o al menos la Cámara de Diputados, podrían frenar las propuestas más extremas del Presidente y ejercer una importante función del sistema de checks and balances que prácticamente había desaparecido en los primeros dos años del mandato de Trump.
La segunda elección importante en el continente americano serán las presidenciales en Brasil que también se celebrarán en la segunda mitad del año. Una nueva victoria de Lula da Silva sería un importante contrapeso a mandatarios populistas antiliberales como José Antonio Kast en Chile, Javier Milei en Argentina o Daniel Noboa en Ecuador y Nayib Bukele en El Salvador, mientras que una victoria de la oposición Bolsonarista fortalecería la alianza de derechas en el continente. Con vistas al debilitamiento de la democracia, cabe recordar que en 2026 se cumplen 50 años desde el inicio de la dictadura argentina -la más sangrienta en la historia reciente de América Latina.
A nivel internacional, la elección, en verano de 2026, del Secretario/a de Naciones Unidas enviará una importante señal sobre el futuro del multilateralismo. El actual líder de Naciones Unidas, Antonio Guterres, luchó con mucho esfuerzo y poco éxito contra el fin de la gobernanza global por la salida de Estados Unidos de las negociaciones climáticas que actualmente son las únicas que siguen activas tras el fracaso de la Ronda de Doha de la OMC o la marginalización de Naciones Unidas en los planes de paz para Gaza y Ucrania. El papel de Naciones Unidas, tras la revancha de los populistas nacionalistas de derechas que ganan elecciones en todo el mundo, se ha visto mermado a un mero testigo de los acontecimientos internacionales cuyos protagonistas son otros, sobre todo Donald Trump que desprecia las Organizaciones Internacionales y no entiende ni quiere entender Naciones Unidas o la Unión Europea que trascienden su idea del Estado-nación. Entre las 13 candidaturas (aun no oficiales) a la Secretaría de Naciones Unidas destacan siete latinoamericanas, entre ellos la ex presidenta chilena y anterior directora de ONU Mujeres, Michel Bachelet, el Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el argentino Rafael Grossi, y los ex Cancilleres de Bolivia y México. Un liderazgo latinoamericano, preferentemente de una mujer, en Naciones Unidas, fortalecería la visibilidad y representatividad internacional de América Latina y continuaría el largo liderazgo del mexicano Ángel Gurría en la OCDE o la entonces elección del Papa argentino Francisco Bergoglio.
Mientras, alianzas y foros de intereses nacionales como los BRICS o el G-20 ocupan el vacío de poder de las Organizaciones Internacionales. En 2026, la 18ª Cumbre de los miembros de los BRICS + 5 tendrá lugar en la India y el año terminará con la del G-20 en Miami al asumir Washington la presidencia del grupo a partir de diciembre de 2026. En EE.UU. también se celebrará, en marzo en Orlando, la Cumbre de las Américas que se retrasó a 2026 por las tensiones que provocaron las operaciones militares y los ataques letales de Estados Unidos en el Mar del Caribe. Finalmente, a inicios de noviembre, España será la sede de la 30ª Cumbre Iberoamericana que, ojalá, cuente con una participación mayor de jefes de gobierno y de estado que otras ediciones anteriores que reflejaron el declive del foro.
A resumidas cuentas, 2026 será un año decisivo en Estados Unidas que, además, marcará el futuro de Naciones Unidas y el de los conflictos en Gaza y Ucrania que siguen abiertos, pese a los intentos de mediación unilateral de Estados Unidos. Mientras tanto, cabe esperar que la UE supere la crisis existencial que enfrenta por la ruptura de la alianza atlántica y que el año que acaba de empezar será algo más pacífico que el anterior.
[1] https://www.iiss.org/publications/armed-conflict-survey/2025/armed-conflict-survey-2025/iiss-conflict-trends-2025/
[2] https://eu.usatoday.com/story/news/politics/2025/12/31/president-donald-trump-approval-rating-2025-poll-results/87961516007/