¿Quién financia el bienestar en el Sur Global? Nuevas alianzas para sostener la protección social en América Latina

Sep 25, 2025 | Opinión GATE, Publicaciones |

Paula Ballesteros

América Latina y el Caribe enfrentan un dilema cada vez más agudo: cómo financiar sistemas de protección social robustos en medio de restricciones fiscales, desigualdad estructural y crisis multidimensionales. La pandemia agudizó y evidenció tanto la necesidad de garantizar efectivamente sistemas de protección social que den respuesta a los nuevos riesgos, como los límites de la arquitectura financiera internacional tradicional para sostenerlos. En un mundo marcado por nuevas tensiones geopolíticas, repensar el financiamiento del bienestar en América Latina no es solo un debate económico, sino una cuestión política y estratégica que debería interpelar a los actores internacionales.

La desigualdad, el verdadero obstáculo

Durante las últimas décadas, la región no solo ha visto persistir sus indicadores económicos, sino que algunos incluso retrocedieron. En 2023, la pobreza alcanzó el 27,3%, el nivel más bajo desde 1990, pero aún representa a 172 millones de personas, de las cuales 10,6% son pobres extremos, una cifra superior a la de hace una década (CEPAL, 2024). Por otro lado, el nuevo Índice de Pobreza Multidimensional para América Latina (IPM‑AL), presentado en abril de 2025, muestra una caída del 45,8% en 2008 al 25,4% en 2023, impulsada por mejoras en el acceso a internet, educación y saneamiento (CEPAL & PNUD, 2025).

Estas cifras revelan la paradoja de la desigualdad en la región, aunque la pobreza disminuye, la desigualdad estructural se consolida como el gran obstáculo al desarrollo. Para graficar mejor esta realidad pueden observarse los resultados a partir de la medición de la desigualdad a través del coeficiente de Gini (herramienta destinada a medir la desigualdad en los ingresos) que indica que durante los últimos tres años, se ha mantenido cerca del 50 %, lo que confirma que la desigualdad sigue siendo estructural más allá de los avances en pobreza monetaria (Our World in Data, 2025).

Tabla 1: Desigualdad en América Latina

Países

Coeficiente de Gini

Promedio regional
0,497 (2023)
Costa Rica

46,7% (2023)

Brasil

51,6% (2023)

Colombia

54,8% (2022)

Fuentes: SEDLAC/CEPAL + BM (2025).

Ahora bien, si en lugar de los ingresos se observa la concentración patrimonial acumulada, el panorama es aún más marcado: el 10% más rico concentra el 66% de la riqueza total de la región (CEPAL, 2024). Estas métricas muestran que la desigualdad en América Latina no se explica sólo por los ingresos corrientes, sino también por una distribución profundamente regresiva de los activos acumulados, lo que consolida estructuras históricas que la reproducen.

¿Sostener el bienestar con nuevas fuentes de financiamiento?

Ampliar el alcance de la protección social hacia el cuidado y los nuevos riesgos no puede sostenerse sin un respaldo material sólido. Toda definición amplia requiere recursos que la hagan viable. Por eso, el debate sobre el financiamiento se vuelve central, ya no alcanza con reconocer derechos si no se asegura la capacidad de garantizarles en la práctica y con las condiciones existentes en la actualidad resulta altamente improbable lograr este objetivo.

Según el Panorama Social de América Latina 2024 de la CEPAL, alcanzar niveles de protección comparables con los de países desarrollados requeriría una inversión adicional de entre el 1,5% y el 2,5% del PIB (CEPAL, 2024). La experiencia de la pandemia de COVID-19 mostró que, cuando se amplían las coberturas de emergencia, la demanda social crece y no retrocede, generando una presión fiscal estructural.

Ahora bien, hablar de financiamiento no es sólo discutir sostenibilidad en abstracto. Supone mirar de frente cuáles son hoy las fuentes efectivas de recursos, cuáles pueden serlo en el corto y mediano plazo, y cómo se articulan con los compromisos internacionales ya asumidos. En este punto, la Cumbre de Sevilla a finales de junio de 2025 puso sobre la mesa la urgencia de movilizar nuevos flujos para sostener las políticas sociales, especialmente en regiones como América Latina y el Caribe. Allí emergió con fuerza la idea de potenciar alianzas Sur-Sur como estrategia complementaria al financiamiento tradicional, reconociendo que los países de la región no pueden quedar atrapados en la dependencia de recursos inciertos o condicionados (Cascante, 2025).

La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) destinada a América Latina ha retrocedido en términos reales durante la última década, mientras los sistemas contributivos se erosionan por la persistente informalidad y los cambios constantes en el mercado laboral. Según la OCDE, en 2024, la AOD global disminuyó un 7,1% respecto a 2023, siendo la primera caída en seis años, y se proyecta una reducción adicional para 2025 (OCDE, 2025). Dentro de este panorama, la AOD destinada a América Latina es la más baja del mundo -menos del 1% del Producto Nacional Bruto (PNB)- y con tendencia negativa (OECD/CAF/EU, 2025: 185). Estos datos ratifican que la región enfrenta un doble problema, la cooperación internacional tradicional retrocede y ya sabemos que los sistemas de financiamiento social interno están debilitados. Como sintetiza Díaz Langou (2025), “no hay sistema de protección social que pueda sostenerse si se financia sobre una base económica frágil y desigual”.

Más allá de las razones de los propios sistemas político-institucionales de América Latina, el financiamiento interno de los sistemas de protección social se ven afectados tras años de deudas crecientes que ya no pueden sostener. En seis economías de la región (Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay, Perú y Uruguay), la deuda pública promedio alcanzó aproximadamente el 55% del PIB en 2024, un salto de más de veinte puntos desde el 34% en 2013 (FMI, 2024). Este endeudamiento limita los recursos disponibles para políticas sociales urgentes, como salud, educación o protección laboral y expone a los países a ciclos de vulnerabilidad que perpetúan la desigualdad.

Repensar el multilateralismo financiero

Reformular el financiamiento de la protección social en América Latina, entendiendo de antemano que se deben repensar los sistemas internos de financiamiento, no implica abandonar el multilateralismo, sino rediseñarlo para que responda a los desafíos de este siglo. En un contexto donde los organismos internacionales han sido cuestionados por su sesgo en favor de recetas ortodoxas, la región puede y tiene la oportunidad de empujar por un multilateralismo renovado, más democrático y sensible a las asimetrías de poder.

La Cumbre de Sevilla puso sobre la mesa una idea renovadora, la cooperación Sur-Sur como alternativa real a la dependencia del Norte. Así, alianzas estratégicas con potencias como China o India cobran relevancia como socios capaces de financiar infraestructuras sociales, tecnología y logística con miradas más horizontales. Por ejemplo, la iniciativa Belt and Roadde China ha expandido su presencia en América Latina y el Caribe, involucrando ya a más de 20 países de la región en inversiones directas y créditos para puertos, trenes y vías comerciales (Green Finance & Development Center, 2025). India ha comenzado a consolidar relaciones estratégicas con Brasil y Argentina que trascienden el comercio de commodities, ampliándose hacia la cooperación tecnológica, el intercambio en energías verdes y el desarrollo conjunto de infraestructura (The Diplomatist, 2024). Si estas colaboraciones se orientan hacia el desarrollo humano y no sólo el crecimiento ecoómico o logístico, pueden inyectar recursos frescos en los sistemas de protección social latinoamericanos y contribuir a su consolidación sin depender exclusivamente de los donantes tradicionales.

Ahora bien, más allá de los instrumentos financieros internacionales, el verdadero desafío es político y a nivel de los propios gobiernos de América Latina. Es indispensable blindar el gasto social frente a ciclos económicos y cambios de gobierno. Esto implica marcos fiscales de mediano plazo con metas explícitas de cara a garantizar un sistema de protección social integrado y un consenso social que considere al bienestar como inversión estratégica y no como gasto. Como advierte la CEPAL (2024), “la inversión social no solo reduce la pobreza, incrementa la resiliencia económica y fortalece la gobernabilidad democrática”.

América Latina ya cuenta con experiencias exitosas, capacidad institucional y sobre todo con una oportunidad histórica para redefinir el vínculo entre financiamiento y bienestar. La pregunta ya no es si la región puede sostener su protección social, sino si está dispuesta a financiarla con sus propios recursos y con nuevas alianzas, sin el tutelaje externo tradicional, o aceptando nuevos esquemas de financiamiento sin perder soberanía sobre sus decisiones.

Si logra avanzar en este camino, podría inaugurar una etapa inédita, un Sur Global[1] capaz de sostener un Estado social.

En definitiva, lo que está en juego no es solo el financiamiento de programas sociales aislados, sino la definición de qué lugar internacional quiere ocupar América Latina. Sostener la protección social con recursos propios generando un sistema integrado de protecciones sociales, pactos fiscales progresivos y alianzas estratégicas con aliados del Sur Global no es únicamente una cuestión de justicia distributiva, es también un acto de poder y de soberanía.

Si la región logra traducir esta oportunidad en instituciones estables y mecanismos de cooperación efectivos, no solo estará reduciendo desigualdades internas, sino que también estará redefiniendo su rol en un multilateralismo que ya no puede seguir girando en torno a las recetas del Norte. La paradoja de ser región de renta media-alta y la más desigual del mundo solo podrá resolverse con decisiones políticas firmes y estas deben apuntar a blindar el bienestar como inversión estratégica y proyectar al Sur Global como un grupo con voz propia en la construcción del orden internacional del siglo XXI.

Referencias bibliográficas

      Banco Interamericano de Desarrollo (BID). (2024). Déficit de financiamiento social en América Latina. BID.

  Cascante, K. (2025, 10 de julio). El pez fuera del agua: Sevilla y la crisis de la financiación global. Gate Center. https://gatecenter.org/el-pez-fuera-del-agua-sevilla-y-la-crisis-de-la-financiacion-global/

      CEIC. (2022). Colombia: Gini Coefficient – World Bank Estimate (2022).

      CEIC. (2023). Costa Rica: Gini Coefficient – World Bank Estimate (2023).

      CEPAL. (2024). Panorama Social de América Latina. CEPAL.

      CEPAL, & PNUD. (2025, abril 2). Índice de Pobreza Multidimensional para América Latina. Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible. https://foroalc2030.cepal.org

      Cumbre de Sevilla. (2024). Declaración final. Presidencia Española del G20.

      Díaz Langou, G. (2025). Fiscalidad y equidad en el financiamiento del bienestar. CIPPEC.

      El País. (2025, marzo 27). CAF impulsa el desarrollo de América Latina y el Caribe con una nueva financiación de USD 1.445 millones. El País.

      García Parra, G. (2025). Justicia fiscal global y protección social. Oxfam.

      Gratius, S., & Mongan, M. (2023, 14 de diciembre). El Sur Global: construyendo un mundo postoccidental. Gate Center. https://gatecenter.org/el-sur-global-construyendo-un-mundo-postoccidental/

      Green Finance & Development Center. (2025). China Belt and Road Initiative – Investment report 2025 H1.

      International Monetary Fund. (2024, diciembre 18). Why Latin America needs lower deficits and stronger fiscal rules [Blog post]. IMF.

      OCDE. (2025, abril 16). International aid falls in 2024 for first time in six years, says OECD. OECD.

      OCDE. (2025, junio 26). Cuts in official development assistance. OECD Policy Brief.

      OECD, CAF, EU (2025). Latin American Economic Outlook: Financing Sustainable Development 2024. Paris.

      Reuters. (2024, julio 18). CAF development bank loans $2.7 billion across Latin America, Caribbean. Reuters.

      Reuters. (2025, 14 de mayo). China, Colombia sign Belt and Road cooperation pact.

      Secretaría de Comunicación Social de Brasil. (2025, agosto 15). Partnership with BRICS Bank targets BRL 2.7 billion for infrastructure, logistics.

      SEDLAC (CEPAL & Banco Mundial). (2024). Income inequality: Gini coefficient in Latin America [Datos]. Our World in Data. (Última actualización: 1 de abril de 2025).

      The Diplomatist. (2024, 30 de noviembre). The Untapped Potential of India-Latin America Relations.

      UNCTAD. (2025, abril 9). Aid at the crossroads: Trends in official development assistance. UNCTAD.

  World Bank. (2023). Brazil: Gini Coefficient – World Bank Estimate (2023).

[1] Conviene aclarar, además, que el Sur Global no es un bloque uniforme: se trata de países con trayectorias diversas, pero que enfrentan vulnerabilidades comunes en el sistema financiero internacional. Al articularse con África y Asia en torno a la cooperación Sur-Sur y a iniciativas como la justicia fiscal global, América Latina puede ampliar su voz y negociar de manera más equitativa en un multilateralismo en transformación.

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